Teletrabajo y salud mental ¿Qué pueden hacer las empresas?

6 de octubre de 2020

Enrique Schiaffino

Enrique Schiaffino

Enrique Schiaffino es psicólogo sanitario. Actualmente desempeña su actividad profesional en el Centro de Psicología Ozores Eizmendi en modalidad presencial y online. Está especializado en psicoterapia de orientación psicodinámica y en técnicas proyectivas. Es licenciado en derecho y ha sido profesor en diversas instituciones como el Colegio de psicólogos de Madrid y el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) entre otras.

La persistencia de la crisis del coronavirus nos ha conducido a un insospechado escenario de auge del teletrabajo. Una pregunta que se puede y debe hacer desde las empresas es cómo conciliar teletrabajo y salud mental. ¿Qué consecuencias psicológicas está teniendo la crisis del COVID-19 en los trabajadores?

La pregunta es compleja, sobre todo si consideramos que la pandemia sigue afectando gravemente la vida de muchas personas y su final, desafortunadamente, no se vislumbra aún. Esto es lo primero que se debe tener en cuenta. No hay un solo diagnóstico puesto que la pandemia está teniendo en este momento unos efectos concretos y tendrá otros, potencialmente duraderos, en el momento en que todo pase.

Por desgracia, no se vive una crisis sanitaria como la que estamos sufriendo sin consecuencias en la salud mental de los afectados. Las empresas no pueden perder esto de vista o corren el riesgo de encontrarse con escenarios de difícil abordaje.

En el momento presente, con la pandemia aún activa, lo principal es la gestión del riesgo. Existe un debate en la calle acerca de la idoneidad del teletrabajo. Se especula con los peligros que entraña el transporte público y la presunta vuelta de los niños al colegio en septiembre.

Una de las cuestiones a considerar es la predisposición de los trabajadores para retornar al lugar de trabajo o seguir teletrabajando. Estas actitudes varían ampliamente entre países como recoge este artículo del Financial Times.

¿Qué ocurre con las personas que detestan el teletrabajo y se han visto obligadas a ello durante meses?

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El teletrabajo puede ser una herramienta de productividad y bienestar en las plantillas, pero entraña riesgos en la salud mental de las plantillas y requiere una gestión especializada.

Mucho se ha hablado de las maravillas del teletrabajo y se ha insistido, con optimismo excesivo, en la gran oportunidad de ensayar la viabilidad del mismo. Pero, ¿acaso nos hemos preguntado  lo que supone para mucha gente el teletrabajo desde un punto de vista psicológico?

Seguramente es importante para las empresas descubrir en qué condiciones sus trabajadores están teletrabajando. ¿Cuentan con dispositivos adecuados? ¿Tienen personas dependientes a su cargo en casa? ¿Hay espacio suficiente como para separar adecuadamente los ambientes? Desgraciadamente en muchos casos las respuestas a estas preguntas son bastante preocupantes. En definitiva, se impone valorar de forma seria los efectos del teletrabajo en la salud mental.

El teletrabajo es una gran ventaja para algunas personas que obtienen la flexibilidad y comodidad que necesitan, sin embargo para muchos trabajadores puede ser una gran fuente de frustración, estrés y burn out. En estos casos ¿Podemos exigir el mismo nivel de productividad a las personas que están teletrabajando contra su voluntad y en condiciones adversas? No parece razonable.

El teletrabajo también quema

El riesgo de encontrarnos a largo plazo con trabajadores “quemados” que no logran concentrarse, se desmotivan o pierden su ritmo habitual de trabajo puede ser alto. Sin embargo, lo que hasta ahora dicen los datos es que, con el teletrabajo y durante el confinamiento, han aumentado las horas de trabajo y la productividad. Cabe preguntarse ¿A qué precio se ha producido este fenómeno? ¿Podemos esperar que este efecto se mantenga a largo plazo sin generar un coste importante de sobrecarga, estrés y ansiedad?

El teletrabajo puede ser asimismo perjudicial para las relaciones interpersonales dentro de la empresa. Sin desconexión de dispositivos electrónicos y sin pausas para el café los empleados trabajan sin cesar.

Hay que prestar especial atención a aquellas  personas que sean más solitarias ya que el aislamiento forzoso puede tener efectos graves a largo plazo en la salud mental.

La empresa hará bien además en tener en cuenta a los trabajadores que llevan poco tiempo en la empresa o acaban de empezar. Estos son especialmente vulnerables puesto que no poseen aún una red social establecida dentro de la empresa y pueden sentirse perdidos o desubicados, dificultando su integración y perjudicando su desempeño.

Obviamente el teletrabajo añade una dificultad importante en la detección de las dificultades por las que pueden estar pasando los trabajadores. Si no se hace un adecuado seguimiento es muy sencillo que se pasen por alto situaciones que presencialmente serían fácilmente identificables. Por eso es fundamental que se tomen acciones proactivas desde la empresa para identificar debilidades que estuviesen pasando desapercibidas.

¿Y qué ocurre con aquellos que desean seguir teletrabajando pero deben reincorporarse de manera presencial?

No debemos olvidar tampoco las dificultades que pueden experimentar  aquellos trabajadores que han encontrado en el teletrabajo una forma mucho más satisfactoria de llevar su día a día ¿Qué consecuencias puede tener en ellos la reversión a la situación anterior?

Potencialmente podemos encontrarnos con problemas de motivación, desvinculación e incluso rabia contra la empresa. A medio o largo plazo puede suponer la pérdida de un trabajador si esta frustración no se gestiona adecuadamente. En estos casos sería interesante valorar la posibilidad de negociar, si fuera posible, una situación que sirviera a todas las partes. De no ser así, el empleado debe entender por qué su vuelta es necesaria para que, en la medida de lo posible, no perciba esta decisión como algo arbitrario.

Finalmente, un tipo de trabajadores que debe considerarse con especial atención es aquel que no desea volver a la empresa porque siente un gran temor a infectarse ya sea en el transporte público o en el propio lugar de trabajo. Temor que puede ser razonable, por cierto. Al fin y al cabo, esto no ha terminado. Es importante resaltar que no hablamos de un miedo delirante o injustificado.

Nuevos tipos de trastornos en el entorno laboral

No sería extraño que estas personas desarrollasen algún tipo de trastorno ansioso o fóbico. Esto puede generar dificultades tanto en el desempeño como en la interacción con clientes u otros empleados y debe ser abordado igualmente de forma clara.

Este tipo de problemáticas serán más graves en aquellas personas que tengan familiares vulnerables en casa y teman contagiarlos. El miedo debe ser gestionado y hay que entregar a estos empleados herramientas para poder hacerlo. No podemos esperar que los trabajadores (algunos al límite del estrés psicológico) cuenten por si mismos con recursos como para hacer frente a esta situación.

Este tipo de dificultades, de cronificarse, pueden suponer un grave riesgo para la salud mental de las personas, así como un daño importante para la empresa que puede verse obligada a afrontar bajas médicas o pérdidas importantes en la productividad de los empleados, así como alteraciones notables en el ambiente laboral.

La desatención de todas estas potenciales problemáticas solo hará que se agraven. En la medida de sus posibilidades y recursos las empresas sacarán gran partido de abordar estas cuestiones antes de que se manifiesten. Es fundamental que las empresas prioricen, no solo la salud física de sus empleados, también la salud mental.

Reinventar los recursos humanos

Es importante por tanto reconocer que los departamentos de recursos humanos pueden necesitar en esta situación un asesoramiento específico relacionado con la salud mental. Del mismo modo que se acude a médicos para realizar test de COVID 19 debe acudirse a profesionales de la salud mental para trabajar los posibles trastornos que esta crisis está generando.

Un psicólogo especializado en gestión de recursos humanos no tiene ni la cualificación ni la experiencia para tratar problemáticas que requieren una intervención de un profesional sanitario. Mucho menos un técnico en recursos humanos con otra formación (derecho, relaciones laborales y otras). Hay que decirlo claramente. Esta es una situación extraordinaria que puede tener consecuencias gravísimas en la salud mental y que por tanto exige un enfoque clínico.

Como un primer paso para afrontar esta situación y mientras la pandemia siga entre nosotros es fundamental hacer un diagnóstico riguroso. Determinar las condiciones del ambiente de trabajo, conocer la opinión de cada uno de los trabajadores respecto del teletrabajo y de la reincorporación presencial, estar al tanto de sus preferencias, prioridades y percepción del riesgo.

Debe tomarse una actitud proactiva respecto a los posibles riesgos del teletrabajo en la salud mental. Gran parte del problema que vivimos se debe a una actitud reactiva con el virus. Las empresas no deben seguir este ejemplo. Deben ser proactivas en la identificación de posibles problemas que puedan estar gestándose para emprender una búsqueda de soluciones antes de que esos problemas desemboquen en una situación irreversible para el empleado y para la organización.

Teletrabajo y salud mental: algunas recomendaciones

Una vez identificadas las necesidades y realizado un diagnóstico de la situación procedería una intervención que otorgue a los empleados herramientas personalizadas y que preste una atención (ya sea online o presencial) que sirva de red de contención ante los riesgos psicológicos de la pandemia.

Así mismo dotar de estrategias a los puestos directivos sería óptimo y recomendable. Las habilidades de liderazgo seguramente requieran de un refuerzo adicional y de ciertas nociones de salud mental para poder llevar a cabo una gestión de equipos adaptada a la “nueva normalidad” o a un potencial nuevo confinamiento.

Nos encontramos ante una oportunidad para «basar la competitividad en buenas prácticas empresariales», en el marco de la dimensión social-laboral de la responsabilidad social corporativa. En España tenemos un historial no muy brillante en cuanto a la valoración de la psicología clínica. Este déficit puede convertirse en una debilidad adicional cuando las personas y las empresas no sepan a qué profesional acudir. Minusvalorar la dimensión psicológica de esta crisis y la relación entre teletrabajo y salud mental, supondrá un coste personal y económico perfectamente evitable. Una buena intervención por parte de profesionales cualificados y con formación y experiencia en salud mental es la mejor estrategia de prevención posible.

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